Wednesday, July 2, 2008

La dimensión olvida da: la vida interior, por Leonardo Boff

La vida interior representa, actualmente, una de las dimensiones más olvidadas de la humanidad. Urge rescatarla, pues en ella se encuentra la serenidad, y el sentimiento sagrado de la dignidad.

En primer lugar, es importante aclarar la palabra interior. Es el reverso de exterior. La vida posee una dimensión exterior. Es nuestra corporalidad. La cultura moderna ha inflacionado la exterioridad a través de todos los medios de comunicación. El mundo de las personas ha sido totalmente divulgado.

Pero existe también lo interior. Generalmente lo interior es aquello que no se ve directamente. Podemos conocer y hasta fascinarnos por el exterior de una persona, por su belleza e inteligencia. Pero para conocerla necesitamos considerar su interior, su corazón, su modo de ser y su visión del mundo. Sólo entonces podemos hacer juicios más adecuados y justos sobre ella.

Interior tiene además el significado de calidad de vida. Así decimos que la vida «en el interior» (del país) es más tranquila, más integrada en la comunidad y en la naturaleza, en el fondo, con más posibilidad de hacernos felices. Es que la vida «en el interior» no está sujeta a la lógica de la ciudad, con el ir y venir de las personas, la parafernalia técnica y burocrática, y las amenazas de violencia.

Por último, interior significa la profundidad humana. Este interior, lo profundo, emerge cuando el ser humano se detiene, calla, comienza a mirar dentro de sí y a pensar seriamente. Cuando se plantea cuestiones decisivas como: ¿qué sentido tiene mi vida, todo ese universo de cosas, de aparatos, de trabajos, de sufrimientos, de luchas y de placeres? ¿Hay vida más allá de la vida, ya que tantos amigos murieron, a veces de forma absurda, en accidentes de automóvil o por una bala perdida? ¿Por qué estoy en este planeta pequeño, tan hermoso, pero tan maltratado?

¿Quién ofrece respuestas? Por lo general son las religiones y las filosofías, pues siempre se ocupan de estas cuestiones. Pero es ilusorio pensar que con asistir a los cultos o con adherirse a alguna visión del mundo se garantiza una vida interior. Todo eso importa, pero sólo en la medida en que produce una experiencia de sentido, una conmoción nueva y un cambio vital.

La vida interior no es monopolio de las religiones. Éstas vienen después. La vida interior es una dimensión de lo humano. Por eso es universal. Está en todos los tiempos y en todas las culturas.

Las religiones cumplen su misión cuando suscitan y alimentan la vida interior de sus seguidores, cuando les ayudan a hacer el viaje a su interior, rumbo al corazón, donde habita el Misterio. Vida interior supone escuchar las voces y los movimientos que vienen de dentro. Hay un yo profundo, cargado de anhelos, búsquedas y utopías. Sentimos una exigencia ética que nos invita al bien, no sólo personalmente, para uno mismo, sino también para los otros.

Hay una Presencia que se impone, mayor que nuestra conciencia. Presencia que habla de aquello que realmente cuenta en nuestra vida, de aquello que es decisivo y que no puede ser delegado en nadie. Dios es otro nombre para esta experiencia que satisface nuestra búsqueda insaciable.

Cultivar ese espacio es tener vida interior. El efecto más inmediato de esta vida interior es una energía que permite encarar los problemas cotidianos sin excesiva agitación. Quien posee vida interior irradia una atmósfera benéfica y transmite paz a quienes le rodean.

Alimentar la vida interior, como repite siempre Arthur da Távola en su programa de televisión «Quién tiene miedo de la música clásica», es no tener soledad nunca más. La soledad es uno de los mayores enemigos del ser humano, porque lo desenraíza de la conexión universal. La vida interior lo religa al Todo del cual es parte

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La feria de los mortales y de los in mortales, por Leonardo Boff

Leonardo Boff es brasileño, teólogo, escritor y filósofo.

Con frecuencia aparece en las columnas sociales de los periódicos la sección de vanidades. Hay disputa para entrar en el reducto donde están las «celebridades», generalmente «modelos» de la moda, o artistas conocidos. Se entablan verdaderas batallas para conquistar un puesto en primera fila y ganar visibilidad. En esta época del carnaval, esto llega a su paroxismo. En los palacios de gobierno, los políticos se arriman para estar físicamente más cerca del jefe. Las fotos en las columnas sociales muestran a personas con glamour, aparentemente felices, comiendo, bebiendo y festejando.

Pero basta ojear otras páginas del mismo periódico para ver el otro lado de la realidad: violencia generalizada, enfrentamiento entre policías y pandillas de la droga, asaltos, asesinatos, escándalos políticos que nunca paran, creciente «favelización» de las ciudades y, por ultimo, amenazas de devastación que pesan sobre todo el Planeta. ¿Cómo combinar estos dos panoramas?

Espontáneamente me viene a la mente el relato del diluvio. Indiferentes a la maldad que se extendía por el mundo, las personas -dicen los textos-, «comían y bebían sin darse cuenta de nada, hasta que vino el diluvio, que los arrebató a todos».

No es necesario el diluvio. Nos basta la certeza de que todos, también los glamourosos, son mortales. Con el tiempo la belleza se esfuma, los achaques aparecen, el envejecimiento resulta imparable y, finalmente, todos morimos. Llevamos con nosotros solamente el bien que hayamos hecho, y nada del glamour o de la fama. Es la condición humana, que importante no olvidar nunca, para no ser frívolos ni ridículos.

Otra escena. En función del trabajo de asesoría a grupos populares, encuentro otro paisaje social: personas de las periferias, habitantes de comunidades pobres, llamadas «favelas», gente en gran parte trabajadora y honesta, que se enfrenta día a día a la dura lucha por la supervivencia. Los rostros arrugados, las manos callosas, la mirada decidida muestran las señales de una reñida lucha por la vida. Los glamourosos los ven con cierto desdén, con recelo, todo lo más con lástima. Mal recuerdan que son sus semejantes y que son inmortales.

Mirándolos atentamente, me viene a la mente una escena del Apocalipsis. Uno de los ancianos pregunta: «Y todos éstos, ¿quiénes son, y de dónde vienen? Y el Señor respondió: éstos son los que vienen de la gran tribulación… el Cordero los apacentará y los conducirá a fuentes de agua viva y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos». A éstos, los de la gran tribulación, aun siendo mortales, los veo en su dimensión de inmortales. Pues en cada persona, pero particularmente en éstos, Dios esta naciendo dentro de ellos, haciéndolos sus hijos e hijas, y urdiéndoles un destino de inmortalidad.

Si los mirásemos con esta óptica, otra sería nuestra actitud. Daríamos a la verdad una pequeña oportunidad de triunfar sobre nuestros prejuicios. Descubriríamos que todos somos inmortales, también los mortales glamourosos, pues así fuimos hechos, y éste es el designio del Creador. Jesús no quiso otra cosa sino que nos tratásemos como hermanos y hermanas, y que revelásemos unos a otros a Dios como Padre y Madre.

Cada mañana al levantarnos tenemos que decidir: ¿queremos comportarnos como mortales o como inmortales, vivir de la apariencia engañosa o de la realidad pura y simple?

¡Qué monótona y parecida es la vida de las celebridades mortales! ¡Qué diversificada y épica la vida de los simples inmortales!

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¿A dónde esta mos huyendo?, por Leonardo Boff

Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?

La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros. Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior. En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía satélite. La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas. Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro, teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca antes, «el tiempo es oro».

Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que tiene sus tempos y sus ciclos. El impacto no es menor sobre las mentes de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.

¿Vale la pena esta carrera imparable? ¿Hacia dónde estamos huyendo?

¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados precozmente envejecidos, o simplemente atrasados. Lo cual puede ocurrir incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser países emergentes.

¿A donde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente, pasa despacio, o acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.

Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta… El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.

Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.

Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…

¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.

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El sen tido del humor y de la fiesta, por Leonardo Boff

Los tiempos no son buenos. La humanidad está conducida por líderes en su mayoría negativos y mediocres. Las religiones, casi todas, están enfermas de fundamentalismo, arrogancia y dogmatismo, sin excluir a sectores de la Iglesia Católica Romana, contaminados por el pesimismo cultural del actual Papa.

A pesar de ello, ¿hay todavía lugar para el humor y el sentido de la fiesta? Creo que sí. A pesar de los absurdos existenciales, la mayoría de las personas no deja de confiar en la bondad fundamental de la vida. Se levanta por la mañana, va a trabajar, lucha por su familia, procura vivir con un mínimo de decencia (tan traída y llevada por los políticos) y acepta sacrificarse por los valores que realmente importan. ¿Qué se esconde detrás de estos gestos cotidianos? Ahí se afirma, de forma prerrefleja e inconsciente, que la vida tiene sentido; aceptamos morir, pero ¡es tan buena la vida!, como dijo François Mitterand antes de morir.

Algunos sociólogos como Peter Berger y Eric Vögelin reiteran en sus reflexiones que el ser humano posee una tendencia irrefrenable hacia el orden. Dondequiera que aquél aparece, crea rápidamente un acuerdo existencial con órdenes y valores que le garantizan una vida mínimamente humana y pacífica.

Esta bondad intrínseca de la vida es la que hace posible la fiesta y el sentido del humor. A través de la fiesta, ya sea sacra o profana, todas las cosas se reconcilian. Como afirmaba Nietzsche, «festejar es poder decir: que todas las cosas sean bienvenidas». Mediante la fiesta el ser humano rompe el ritmo monótono de lo cotidiano, hace un alto para respirar y vivir la alegría de estar juntos en amistad y la satisfacción de comer y de beber. En la fiesta, el beber y el comer no tienen la finalidad práctica de quitar el hambre o la sed, sino de gozar del encuentro y celebrar la amistad. En la fiesta, el tiempo del reloj no cuenta y al ser humano le es dado, por un momento, vivenciar el tiempo mítico de un mundo reconciliado consigo mismo. Por eso, los enemigos y los desconocidos son ajenos al núcleo de la fiesta, pues ésta supone orden y alegría, la bondad de las personas y de las cosas. La música, el baile, la amabilidad y la ropa especial hacen parte del mundo de la fiesta. A través de tales elementos el ser humano trasmite su sí al mundo que lo rodea y la confianza en su armonía esencial.

Esta última confianza da origen al sentido del humor. Tener humor es tener capacidad de percibir la discrepancia entre dos realidades: entre los hechos brutos y el sueño, entre las limitaciones del sistema y el poder de la fantasía creadora. En el humor existe un sentimiento de alivio ante las limitaciones de la existencia y hasta de las propias tragedias. El humor es señal de trascendencia del ser humano que siempre puede ir más allá de cualquier situación en su ser más profundo y libre. Por eso puede sonreír y tener humor por encima de las formas que lo quieren encuadrar, de la violencia con la que se pretende someterlo. Solamente quien es capaz de relativizar las cosas más serias, aunque las asuma dentro de un compromiso efectivo, puede tener buen humor.

El mayor enemigo del humor es el fundamentalista y el dogmático. Nadie ha visto sonreír a un terrorista o esbozar una sonrisa a un severo conservador cristiano. Generalmente son tan tristes que parecen que fueran a su propio entierro. Basta ver sus rostros crispados. No es raro que sean reaccionarios y hasta violentos.

En última instancia, la esencia secreta del humor reside en una actitud religiosa, aunque esté olvidada en el mundo profano, pues el humor ve la insuficiencia de todas las cosas frente a la Realidad Última. El humor y la fiesta revelan que hay siempre una reserva de sentido que todavía nos permite vivir y sonreír.

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Principio Tierra, por Leon ardo Boff


Pocos autores hay que nos gusten más que Leonardo Bloff a este blog. Todas las semanas publica un nuevo artículo en la web Koinonía, y en su web. Este artículo nos ha gustado especialmente.

Nunca se había hablado tanto de la Tierra como en los últimos tiempos. Hasta parecería que la Tierra acabara de ser descubierta. Los seres humanos han hecho un sinnúmero de descubrimientos, pueblos indígenas escondidos en las selvas remotas, seres nuevos de la naturaleza, tierras distantes y continentes enteros. Pero la Tierra nunca fue objeto de descubrimiento. Fue necesario que saliésemos de ella y la viésemos desde fuera para descubrirla como Tierra y Casa Común.

Eso ocurrió a partir de los años 60 con los viajes espaciales. Los astronautas nos revelaron imágenes antes nunca vistas. Usaron expresiones conmovedoras como «la Tierra parece un árbol de navidad colgado en el fondo azul del universo», «es bellísima, resplandeciente, azul y blanca», «cabe en la palma de mi mano y puedo taparla con mi pulgar». Otros tuvieron sentimientos de veneración y de gratitud y rezaron. Todos regresaron con un renovado amor por la buena y vieja Tierra, nuestra Madre.

Esta imagen del globo terrestre visto desde el espacio exterior, divulgada diariamente por las televisiones del mundo entero, suscita en nosotros un sentimiento de sacralidad y está creando un nuevo estado de conciencia. En la perspectiva de los astronautas, desde del cosmos, Tierra y Humanidad forman una única entidad. Nosotros no vivimos solamente sobre la Tierra. Somos la propia Tierra que siente, piensa, ama, sueña, venera y cuida.

Pero en los últimos tiempos se han anunciado graves amenazas que pesan sobre la totalidad de nuestra Tierra. Los datos publicados el 2 de febrero que culminaron el día 17 de noviembre de 2007, por el organismo de la ONU, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, junto con los impasses recientes de Bali nos indican que ya entramos en la fase del calentamiento global con cambios abruptos e irreversibles. El calentamiento puede variar de 1,4 a 6 grados centígrados dependiendo de las regiones terrestres. Los cambios climáticos son de origen antrópico, es decir, su principal causante es el ser humano que ha dado vida a un proceso industrial salvaje.

Si no se hace nada, iremos al encuentro de lo peor y millones de seres humanos podrán dejar de existir sobre el planeta.

Como hemos destruido irresponsablemente, ahora debemos regenerar urgentemente. La salvación de la Tierra no caerá del cielo. Será fruto de la nueva corresponsabilidad y del renovado cuidado de toda la familia humana.

Dada esta situación nueva, la Tierra se ha vuelto, de hecho, el oscuro y gran objeto del cuidado y del amor humano. No es el centro físico del universo como pensaban los antiguos, pero se ha vuelto en los últimos tiempos el centro afectivo de la humanidad. Sólo tenemos este planeta para nosotros. Desde aquí contemplamos todo el universo. Aquí trabajamos, amamos, lloramos, esperamos, soñamos y veneramos. A partir de la Tierra hacemos la gran travesía rumbo al más allá.

Lentamente estamos descubriendo que el valor supremo es asegurar la pervivencia del planeta Tierra y garantizar las condiciones ecológicas y espirituales para que la especie humana se realice y toda la comunidad de vida se perpetúe.

En razón de esta nueva conciencia hablamos del principio-Tierra. Es el fundamento de una nueva radicalidad. Cada saber, cada institución, cada religión y cada persona debe plantearse esta pregunta: ¿Qué hago yo para preservar la matria común y garantizar que tenga futuro dado que viene siendo construida desde hace 4.300 millones de años y merece seguir existiendo?

Porque somos Tierra no habrá para nosotros cielo sin Tierra

Posted by isisdiosa99 in 08:19:37 | Permalink | No Comments »

¿Puede el capital ismo ser suicida?, por Leonardo Boff


La situación medioambiental de la Tierra ha sido más o menos estable desde el neolítico, hace unos diez mil años, como puede ser comprobado científicamente analizando las capas de hielo del permafrost. La gran transformación ocurrió con el proceso industrial, especialmente en la posguerra y con el sorprendente crecimiento de la población. Anualmente empezaron a lanzarse a la atmósfera miles y miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, óxido de nitrógeno y ozono) hasta el punto de que el sistema natural ya no consigue absorberlos. Ésta es la causa fundamental del calentamiento planetario, que no sería un nuevo ciclo natural de la Tierra, sino algo inducido por las prácticas humanas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha elaborado modelos teóricos que nos permiten hacer previsiones fiables. Según ella, desde ahora hasta el año 2100 las temperaturas se elevarán entre 1,8 y 6 grados centígrados, estabilizándose alrededor de los 2-3 grados. El nivel del mar subiría de 18 a 59 centímetros. Todo eso a condición de hacer desde ahora fuertes inversiones (cerca de 460 mil millones de dólares anuales) para estabilizar la temperatura de la Tierra. Sin ese empeño colectivo, desaparecerían cerca del 20-30% de las especies animales y vegetales y el número de víctimas humanas podría llegar a millones. Las sequías, la desertización y la salinización de los suelos privarían de agua potable a casi tres mil millones de personas, haciendo aumentar en 600 millones los que ya pasan hambre. Los «refugiados ecológicos» serían millones, que no aceptarían pasivamente el veredicto de muerte sobre sus vidas e invadirían regiones más favorables a la vida.

Estas no son profecías de mal agüero sino llamamientos a todos los que alimentan solidaridad generacional y amor a la Casa Común. Hay un obstáculo cultural grave: estamos habituados a resultados inmediatos, mientras que aquí se trata de resultados futuros, fruto de acciones realizadas ahora. Como afirma la Carta de la Tierra: «las bases de la seguridad mundial están amenazadas; estas tendencias son peligrosas pero no inevitables». Estos peligros solamente podrán evitarse si cambiamos el modo de producción y el modelo de consumo. Esta transformación civilizatoria exige la voluntad política de todos los países del mundo y la colaboración sin excepción de toda la red de empresas transnacionales y nacionales de producción, pequeñas, medianas y grandes. Si algunas empresas mundiales se negasen a obrar en esta misma dirección podrían anular los esfuerzos de todas las demás. Por eso, la voluntad política debe ser colectiva e impositiva con prioridades bien definidas y con líneas generales bien claras, asumidas por todos, pequeños y grandes. Es una política de salvación planetaria.

El gran riesgo, que muchos ya ven, está en la lógica del sistema del capital mundialmente articulado. Su objetivo es el mayor lucro posible en el menor tiempo posible, con la expansión cada vez mayor de su poder, doblegando las legislaciones que limitan su voracidad. El capitalismo se orienta por la competición y no por la cooperación. Ante los cambios paradigmáticos se ve confrontado a este dilema: o se autoniega, mostrándose solidario con el futuro de la humanidad y cambia su lógica y así corre el riesgo de ir a la quiebra, o se autoafirma en su busca de lucro, desconsiderando toda compasión y solidaridad, pasando incluso por encima de montañas de cadáveres y de la Tierra devastada. Muchos temen que, fiel a su naturaleza de lobo voraz, el capitalismo se vuelva suicida y prefiera morir y hacer morir antes que perder. Ojalá la vida supere a la lógica.

Posted by isisdiosa99 in 08:18:54 | Permalink | No Comments »

Las alternativas energéticas amen azan el futuro, por Leonardo Boff


Corresponde a los que se dedican al pensamiento reflexionar sobre los destinos de la sociedad en que viven y, atrevidamente, también sobre los destinos del planeta y de la humanidad. Digo esto a propósito del nuevo estado de la Tierra producido por el calentamiento planetario, imparable a estas alturas. La gran mayoría no se da cuenta de las consecuencias que sobrevendrán de tal situación empíricamente comprobada.

La primera constatación que importa hacer es que este calentamiento necesita ser calificado. No basta decir que es andrópico, o sea, producido por el ser humano. ¿Qué ser humano? ¿los indios, los esquimales?Necesitamos decir con todas las letras que el calentamiento ha sido producido por aquella porción de hombres que introdujeron la producción industrial hace ya tres siglos, aceleraron el consumo energético, inventaron la tecno-ciencia -que agrede ecosistemas (ecología ambiental), y es inductora de una perversa desigualdad social (ecología social) y devastadora del planeta como un todo (ecología integral)-, y proyectaron la cultura del consumo ilimitado (ecología mental). Hoy son las empresas industriales globalizadas, gigantes de la bioquímica y del agro-negocio e instituciones afines. Son las que más polucionan (solo los USA el 25%) y más resisten a los cambios de paradigma. Si no se alfabetizan ecológicamente y no cambian el rumbo del mundo podrán llevar a la biosfera a un callejón sin salida, desastroso.

La segunda constatación, por más desafiadora que sea, es sencillamente ésta: como estamos no se puede continuar. Estamos obligados, si queremos salvar al planeta y a la humanidad, a imaginar e inventar otro modo de convivir, de producir para toda la comunidad de vida, de distribuir los bienes necesarios, de consumir responsable y solidariamente, y de tratar los residuos. Necesitamos -como enfatiza la Carta de la Tierra- «un modo sostenible de vivir», porque el vigente, como ha sido comprobado matemáticamente, ya no es sostenible para dos tercios de la humanidad. Esto quiere decir que todas las alternativas energéticas que se están poniendo en marcha para construir un Arca de Noé salvadora del sistema imperante, escamotean lo esencial de la cuestión. Por sí solas no nos salvarán del diluvio. Dentro de decenas de años van a mostrar su ineficacia, lo que provocará la maldición de la humanidad sobre nuestra generación. Dirán: «estaban avisados y sabían, pero prefirieron la ceguera voluntaria y nuestra perdición, para garantizar un camino que les daba beneficios».

El memorando Bush-Lula prevé una producción masiva de etanol, sea de caña (Brasil) sea de maíz (USA). Actualmente Brasil produce 17.500 millones de litros de alcohol. Con la utilización de 90 millones de hectáreas cultivables podrá llegar a producir 110.000 millones de litros, pudiendo controlar el 50% del mercado mundial. La afirmación de que es una energía limpia es incompleta. Es limpio sólo su uso en los automóviles. Pero su proceso de producción es contaminante porque incluye fertilizantes, transporte, almacenamiento, máquinas y liberación de nitrógeno, que contamina poderosamente las aguas y, al transformarse en ácido nítrico, produce lluvias ácidas, dañinas para los bosques. Ojalá no ocurra en Brasil lo que ocurrió en Malasia: un 87% de deforestación, expulsión de los campesinos y tierras sustraídas a la producción de alimentos.

Para salvarnos importa rediseñar todo el proceso productivo, adecuarlo a cada ecosistema, valorando todo lo que la humanidad inventó para sobrevivir, desde los sistemas agropastoriles y agroecológicos hasta la moderna nanotecnología con sus inmensas posibilidades de enfriar el planeta.

Posted by isisdiosa99 in 08:08:03 | Permalink | No Comments »

Cuatro «erres» contra el con sumismo, por Leonardo Boff

El hambre es una constante en todas las sociedades históricas. Hoy, sin embargo, alcanza dimensiones vergonzosas y simplemente crueles. Revela una humanidad que ha perdido la compasión y la piedad. Erradicar el hambre es un imperativo humanístico, ético, social y ambiental. La condición previa más inmediata y posible, que debe ser puesta inmediatamente en práctica es un nuevo patrón de consumo.

La sociedad dominante es evidentemente consumista. Da centralidad al consumo privado, sin auto-límite, como objetivo de la propia sociedad y de la vida de las personas. Consume no sólo lo necesario, lo que es justificable, sino lo superfluo, lo que es cuestionable. Este consumismo sólo es posible porque las políticas económicas que producen los bienes superfluos son continuamente alimentadas, apoyadas y justificadas Gran parte de la producción se destina a generar aquello que en la realidad no precisamos para vivir decentemente.

Como se trata de lo superfluo, se recurre a mecanismos de propaganda, de marketing y de persuasión para inducir a las personas a consumir y a hacerlas creer que lo superfluo es necesario y que es una fuente secreta de felicidad.

Lo fundamental para este tipo de marketing es crear hábitos en los consumidores hasta que se cree en ellos una cultura consumista y una necesidad imperiosa de consumir. Se suscitan más y más necesidades artificiales y en función de ellas se monta el engranaje de la producción y de la distribución. Las necesidades son ilimitadas, por estar ancladas en el deseo que, por naturaleza, es ilimitado. Por esta razón, la producción tiende a ser también ilimitada. Surge entonces una sociedad, ya denunciada por Marx, marcada por fetiches, abarrotada de bienes superfluos, punteada de centros comerciales, verdaderos santuarios del consumo, con altares llenos de ídolos milagreros, pero ídolos al fin y al cabo; una sociedad insatisfecha y vacía porque nada la sacia. Por eso, el consumo es creciente y nervioso, sin que sepamos hasta cuándo la Tierra finita aguantará esta explotación infinita de sus recursos.

No causa sorpresa el hecho de que el presidente Bush convoque a la población a consumir más y más y así salvar la economía en crisis, lógico, a costa de la sostenibilidad del planeta y de sus ecosistemas. Contra eso, cabe recordar las palabras de Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968: «No encontraremos un ideal para la nación ni una satisfacción personal en la mera acumulación ni en el mero consumo de bienes materiales. El PIB no contempla la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de los valores familiares, no mide nuestro ingenio, ni nuestro valor, ni nuestra compasión, ni nuestro amor a la patria. Mide todo menos aquello que hace la vida verdaderamente digna de ser vivida». Tres meses después fue asesinado.

Para hacer frente al consumismo urge que seamos de modo consciente anticultura, en ejecicio. Hay que incorporar a la vida cotidiana las cuatro «erres» principales: reducir los objetos de consumo, reutilizar los que ya hemos usado, reciclar los productos dándoles otra finalidad, y finalmente, rechazar lo que el marketing, descarada o sutilmente, nos empuja a consumir.

Sin este espíritu de rebeldía consecuente contra todo tipo de manipulación del deseo y con la voluntad de seguir otros caminos dictados por la moderación, por la justa medida y por el consumo responsable y solidario, corremos el peligro de caer en las insidias del consumismo, aumentando el número de hambrientos y empobreciendo el planeta ya actualmente más y más devastado.

Posted by isisdiosa99 in 08:07:21 | Permalink | No Comments »

Hambre: los al imentos como negocio, por Leonardo Boff

El mundo se está alarmando con la subida del precio de los alimentos y con las previsiones de aumento del hambre en el mundo. El hambre es un problema ético, denunciado por Gandhi: «el hambre es un insulto, humilla, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe». Pero también es resultado de una política económica. El alimento se transformó en ocasión de lucro y el proceso agroalimentario en un negocio rentable. Se cambió la visión básica que había predominado hasta la llegada de la industrialización moderna, la visión en la que la Tierra era vista como la Gran Madre. Entre la Tierra y el ser humano se articulaban relaciones de respeto y de mutua colaboración. El proceso de producción industrialista considera la Tierra solamente como baúl de recursos a ser explotados hasta que se agoten.

La agricultura más que un arte y una técnica de producción y de medios de vida se ha transformado en una empresa para lucrar. Mediante la mecanización y la alta tecnología se puede producir mucho con menos tierras. La «revolución verde», introducida a partir de los años 70 del siglo XX y difundida por todo el mundo, quimicalizó casi toda la producción. Los efectos son ahora perceptibles: empobrecimiento de los suelos, erosión devastadora, deforestación y pérdida de millares de variedades naturales de semillas que son reserva frente a crisis futuras.

La cría de animales se ha modificado profundamente debido a los estimulantes de crecimiento, las prácticas intensivas, vacunas, antibióticos, inseminación artificial y clonación.

Los agricultores clásicos han sido sustituidos por los empresarios del campo. Todo este cuadro se ha visto agravado por la urbanización acelerada del mundo, con el consiguiente vaciamiento de los campos. La ciudad demanda alimentos que ella no produce y que dependen del campo.

Existe una verdadera guerra comercial alrededor de los alimentos. Los países ricos subsidian cosechas enteras, o la producción de carnes, para colocarlas a mejor precio en el mercado mundial, perjudicando a los países pobres, cuya principal riqueza consiste en la producción y exportación de productos agrícolas y carnes. Muchas veces, para ser viables económicamente, se obligan a exportar granos y cereales que van a alimentar el ganado de los países industrializados, cuando en el mercado interno podrían servir de alimento para sus poblaciones.

Por el afán de garantizarse lucros, hay una tendencia mundial, en el marco del modo de producción capitalista, de privatizar todo, especialmente las semillas. Menos de una decena de empresas transnacionales controla el mercado de semillas en todo el mundo. Han introducido las semillas transgénicas, que no se reproducen en las cosechas, y que necesitan ser compradas cada vez, con grandes beneficios para las empresas. La compra de las semillas es parte de un paquete mayor que incluye la tecnología, los pesticidas, la maquinaria y la financiación bancaria, atando a los productores a los intereses agroalimentarios de las empresas transnacionales.

En el fondo, lo que más interesa es garantizar ganancias para los negocios, y lo que menos, alimentar personas. Si no se produce una inversión de este orden de cosas, por ejemplo, una economía sometida a la política, una política orientada por la ética y una ética inspirada por una sensibilidad humanitaria mínima, no habrá solución para el hambre y la desnutrición mundial. Continuaremos en la barbarie que estigmatiza al actual proceso de globalización. Los gritos desgarradores de millones de hambrientos suben continuamente al cielo sin que les vengan respuestas eficaces de alguna parte que hagan callar este clamor. Es la hora de la compasión humanitaria, traducida en políticas globales de combate sistemático al hambre

Posted by isisdiosa99 in 08:06:42 | Permalink | No Comments »

Comen salidad: rehacer la humanidad, por Leonardo Boff

Comensalidad significa comer y beber juntos alrededor de la misma mesa. Ésta es una de las referencias más ancestrales de la familiaridad humana, pues en ella se hacen y se rehacen continuamente las relaciones que sostienen la familia.

La mesa, antes que a un mueble, remite a una experiencia existencial y a un rito. Es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar sin disimulos, la comunión directa que se traduce en los comentarios sin ceremonia de los hechos cotidianos, en las opiniones sin censura de los acontecimientos de la crónica local, nacional e internacional.

Los alimentos son algo más que cosas materiales. Son sacramentos de encuentro y de comunión. El alimento es apreciado y es objeto de comentarios. La mayor alegría de la madre o de quien cocina es notar la satisfacción de los comensales.

Pero debemos reconocer que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia. La mesa familiar ha sido sustituida lamentablemente por el fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no la comensalidad.

La comensalidad es tan central que está ligada a la propia esencia del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un ancestro común. La especificidad del ser humano surgió de forma misteriosa y de difícil reconstrucción histórica. Sin embargo, etnobiólogos y arqueólogos llaman nuestra atención sobre un hecho singular: cuando nuestros antepasados antropoides salían a recolectar frutos, semillas, caza y peces no comían individualmente lo que conseguían reunir. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí practicaban la comensalidad: distribuían los alimentos entre ellos y los comían grupal y comunitariamente.

Así, la comensalidad, que supone la solidaridad y la cooperación de unos con otros, permitió el primer salto de la animalidad en dirección a la humanidad. Fue sólo un primerísimo paso, pero decisivo, porque le cupo inaugurar la característica básica de la especie humana, diferente de otras especies complejas (entre los chimpancés y nosotros hay solamente un 1,6% de diferencia genética): la comensalidad, la solidaridad y la cooperación en el acto de comer. Y esa pequeña diferencia marca toda la diferencia.

Esa comensalidad que ayer nos hizo humanos, continúa todavía hoy haciéndonos siempre de nuevo humanos. Por eso, importa reservar tiempos para la mesa en su sentido pleno de la comensalidad y de la conversación libre y desinteresada. Ella es una de las fuentes permanentes de renovación de la humanidad hoy globalmente anémica

Posted by isisdiosa99 in 08:06:03 | Permalink | No Comments »